2 jul. 2014

ESPIRITUALIDAD CATÓLICA. ¡442 mártires franceses beatificados!


P. Jorge Teulón. La llegada del siglo XX traería los frutos renovados de aquellos cientos de mártires que serían elevados a los altares: las primeras en ser beatificadas fueron las 16 carmelitas de Compiègne. Luego siguieron las 11 hermanas ursulinas de Valenciennes; 4 Hijas de la Caridad de Cambrai; 32 religiosas adoratrices y ursulinas, conocidas como Mártires de Orange, que fueron guillotinadas. Tras la beatificación del sacerdote Noël Pinot, llegó el grupo más numeroso de los hasta ahora elevados a los altares; se trataba de los tres obispos diocesanos Juan María de Lau, François-Joseph de la Rochefoucald-Maumont y Pierre-Louis de la Rochefoucald-Bayers y, junto a ellos, 188 compañeros de las matanzas de septiembre.



Tras este grupo, tres padres de la Congregación de la Misión: Luis José François (bajo estas líneas, a la izquierda de la estampa), Juan Enrique Gruyer (bajo estas líneas, a la izquierda de la estampa) y Pedro Renato Rogue.

Pío XII beatificaría al sacerdote Juan Bautista Turpín de Cormier y a 18 compañeros, a los que conocemos como los mártires de Laval. Decenios después, como ya recordábamos en las entregas anteriores, san Juan Pablo II beatificaría a dos grupos numerosos: los 64 mártires de los “pontons de Rochefort”, en 1984; y los 99 mártires que murieron en Angers en el bienio 1793-94.


En el siglo XXI, bajo el pontificado de Benedicto XVI, subirían dos religiosos más: la religiosa vicentina beata Margarita Rutan, mártir decapitada durante la Revolución Francesa el 7 de abril de 1794, cuando era superiora del hospital local de Dax (beatificada el 19 de junio de 2011) y el beato Pierre-Adrien Toulorge, de la Orden Premostratense, que murió guillotinado el 13 de octubre de 1793 (beatificado el 29 de abril de 2012).

Más causas

Jean de Viguerie en su obra Cristianismo y revolución (Madrid 1991) nos recuerda que hay otras “causas” en vías de estudio que seguramente desembocarán en nuevas beatificaciones. Se trata entre otras de: Jean Poulin, sacerdote, nacido en Arras, ejecutado el 22 de agosto de 1793, y otras 157 víctimas de la misma ciudad ejecutadas entre 1793 y 1798.
André Ignace Joseph Gousseau, sacerdote, nacido en Valenciennes, ejecutado el 19 de octubre de 1794, y otros 46 sacerdotes y religiosos ejecutados en la misma ciudad entre 1792 y 1799.
Thomas Merle de Castillon, nacido en Aiguillon, ejecutado en Lyon en 1793, y otras 71 personas ejecutadas en Lyon entre 1792 y 1794.
Cinco capuchinos ejecutados en Nîmes el 14 de junio de 1790.
39 sacerdotes y religiosos ejecutados en L´Île-Madame entre 1793 y 1795.
110 niños menores de siete años masacrados en Lucs-sur-Boulogne en La Vendée por los soldados de la “columna infernal” del general Cordellier


“La lista en sí ya es impresionante, pero el historiador, sin esperar la decisión de la Iglesia, puede añadir a ella innumerables víctimas que perdieron la vida en defensa de su fe. Aparecen en todas las regiones de Francia: en Nantes, los cientos cuarenta y tres sacerdotes ahogados en Loire a finales de 1793… ¿Cuántos en total? Quizá dos mil; probablemente, más” (pág. 287ss).

Demasiados cambios en solo quince años

Los años siguientes registraron periodos de distensión y de nuevas represiones. La persecución religiosa se recrudeció bajo el Directorio jacobino (1797‑1799), cuando los franceses ocuparon Roma y se proclamó la República romana. El papa Pío VI, anciano y enfermo, fue deportado a Siena, Florencia y, finalmente, a Francia. El 29 de agosto de 1799, en la ciudadela de Valence‑sur‑Rhóne, falleció Pío VI a los ochenta y un años de edad. Algunos revolucionarios exaltados proclamaron a los cuatro vientos que había muerto el último papa de la Iglesia.

En este tiempo, se pasará de la monarquía absolutista de Luis XVI a la Revolución y al Terror de la mano de Robespierre. Quince años después, el 2 de diciembre de 1804, asistiremos sobrecogidos a la autocoronación de Napoleón Bonaparte como Emperador de la República Francesa.

 Publicado en Religión en Libertad.

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