28 ago 2011

COMENTARIO A LAS LECTURAS DOMINICALES. ¿De qué me sirve ganar el mundo entero?



P. Mario Ortega. No ya una lotería de Euromillones, de muchísimos millones, sino el mundo entero, con todos los millones de euros, dólares y demás dineros juntos. ¿De qué te sirve ganar todo eso, si al final te pierdes eternamente?, nos recuerda el Señor. ¿De qué te sirve tener toda la fama, o todo el poder? Todo eso se acaba. ¿Acaso quieres ser el más rico, el más famoso o el más poderoso... del cementerio?

Jesús nos enfrenta hoy claramente con la realidad de la vida, de nuestra vida, de mi vida concreta. Nos ponemos en la piel de San Pedro, que al oír cómo el Señor anunciaba para sí un camino de cruz, de sufrimiento y muerte, se opone rápidamente y, con toda su buena intención, trata de disuadir al Maestro. Nosotros hubiéramos hecho lo mismo - pienso - pues vamos buscando una vida alejada del sufrimiento, una vida feliz ya en este mundo. Buscamos acampar, sin darnos cuenta, en este mundo, salvar así la vida... esta vida. Se pierde la perspectiva de la eternidad para la que Dios nos creó y por la que Cristo nos redimió.

Por eso San Pedro, sin darse cuenta, se está oponiendo radicalmente a la Voluntad de Dios, está tratando de impedir el plan de la Redención. Para que se diera cuenta de ello, Jesús le sorprendió con ese nombre - Satanás - porque estaba deseando lo mismo que el príncipe de este mundo.

El Demonio quiere que pongamos nuestra mirada y nuestro corazón, nuestros afanes y nuestras esperanzas en este mundo. Nada más que en este mundo, en sus placeres y satisfacciones ilusorias. Quiere que miremos nada más que a este mundo, para que no miremos a Dios, para que nos olvidemos de Él, que es la eternidad.

Todos hombre quiere salvar su vida, es decir, quiere un estado definitivo de felicidad. Pero este estado definitivo no se encuentra en este mundo. No podemos "acampar" aquí, hay que continuar la peregrinación. Por eso quería el Señor caminar hacia Jerusalén y reprochó a San Pedro su actitud. "Quien quiera salvar su vida, la perderá", es decir, quien busque la salvación en esta vida, irremediablemente se verá frustrado, pues todo se le terminará, resultará al final un espejismo. Sin embargo "quien pierda su vida por mí - dice Jesús - la encontrará". La avistará ya en esta vida, como peregrino, y la encontrará y la poseerá al final, porque hasta el final habrá ido con Cristo, apoyado en sus promesas. Y Cristo no defrauda.

Nuestra vocación es, por tanto, no de acampados, sino de peregrinos. La seguridad la tenemos que buscar no poniendo los anclajes de nuestra tienda de campaña en este mundo, sino atando bien fuerte nuestras botas de peregrinos, para caminar en pos de Cristo, cargando con su cruz.

Este camino de vida cristiana la han recorrido ya muchos santos. En ellos comprobamos que el Evangelio no sólo son palabras, sino que es Vida; que las promesas de Cristo son verdaderas y dignas de toda confianza. Los santos nos han mostrado cómo se salva la vida, cómo se encuentra la felicidad en Dios, por los caminos de Dios.

Jeremías, en la primera lectura y San Pablo, desde la experiencia viva y ardiente de Cristo nos muestran su apuesta por Dios. Su sí decidido a los planes de Dios para ellos. "Me sedujiste, Señor, y me dejé seducir... la palabra era en mis entrañas fuego ardiente. ", dice el joven profeta. " No os ajustéis a este mundo, sino transformaos... para que sepáis discernir lo que es la voluntad de Dios", nos exhorta el Apóstol, por la misericordia de Dios.

La experiencia de la JMJ nos ha recordado igualmente que somos peregrinos, nómadas, seguidores de Cristo, caminantes. Que no podemos detenernos. Que somos enviados, que hay que estar continuamente en búsqueda de Dios, en proceso de conversión. Que el descanso - como decía San Juan Bosco - lo encontraremos en el Paraíso. "Porque el Hijo del Hombre - concluye Jesús - vendrá entre sus ángeles, con la gloria de su Padre, y entonces pagará a cada uno según su conducta."

Con María.

P. Mario Ortega


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