10 feb. 2013

OPINIÓN. El problema de la muerte



Fray Tuk. "Los demás problemas encuentran abordaje pastoral a partir de éste". Casi ninguna ponencia del Sínodo sobre la Nueva Evangelización menciona la escatología, mensaje central de Jesús. Preocupante.


Alberto Molina Palma, agustino, Arzobispo de Los Altos (Guatemala, país en el que ha crecido vertiginosamente el protestantismo) afirma que "los demás problemas [humanos] encuentran abordaje pastoral a partir" del problema de la muerte. Cuando leí por primera vez el discurso íntegro de este obispo guatemalteco, me recordó un comentario que años atrás me había hecho un religioso brasileño. Comentaba que en su país la teología de la liberación había provocado un éxodo masivo de católicos hacia las iglesias evangélicas y pentecostales. Esa teología no incidía en los problemas profundos sobre el sentido de la vida: No sólo de pan vive el hombre. Miles de personas habían buscado en los hermanos separados un mensaje más vital que les hablase del Dios amor que nos espera en la oración, del perdón de los pecados que nos alcanzó Cristo en la cruz, de la victoria del Resucitado sobre la muerte… Me alegra haber podido encontrar por fin un obispo que hable de la muerte como problema humano central, y de la vida eterna como mensaje principal de la nueva evangelización. Es reflejo del Evangelio. Es la predicación de la Iglesia Católica durante dos milenios. Me preocupa mucho el olvido de la escatología en la inmensa mayoría de las ponencias de un Sínodo dedicado a la Nueva Evangelización.

Entre comillas, la intervención de Molina. En cursiva mis comentarios. Los títulos y subrayados son míos.

Muerte y vida eterna, mensaje central de la nueva evangelización.

"Es necesario que esta Asamblea del Sínodo indique cuál es el problema humano sobre el que incide principalmente el evangelio de Jesús, con el fin de que ese punto de incidencia sea referencia primaria, aunque no única, en la evangelización. Es mi propuesta que se señale claramente que Jesucristo y su Evangelio proponen principalmente una comprensión de la vida humana desde la llamada gratuita de Dios a la vida eterna. De ese modo responden al problema de la muerte, que deja sin sentido, consistencia o valor la existencia humana. Los demás problemas encuentran abordaje pastoral a partir de éste. El acontecimiento central de la obra salvadora de Cristo es su resurrección como victoria sobre la muerte y el pecado para alcanzar una existencia humana nueva junto a Dios".

Parece que en la mente de muchos pastoralistas tiene más protagonismo la crítica a la religión de Feuerbach, Marx, Nietzsche y Freud, que el Evangelio de Jesucristo. “Muerte, juicio, infierno y gloria, ten cristiano en tu memoria”, se decía antes. Efectivamente, la pasión, muerte y resurrección de Cristo estaba grabada en la mente y corazón de aquellos miles de cristianos que murieron perdonando a sus atroces asesinos en la persecución religiosa del 36, por poner un ejemplo. Pero ahora está muy mal visto en la Iglesia, e incluso puede tener problemas con ciertas autoridades eclesiásticas (con mucha más probabilidad que si transgrede ampliamente el Derecho Canónico) quien centra su predicación, como lo hizo Cristo, en la escatología. Bien se escuchan las críticas de los maestros de la sospecha si estas sirven para purificar el verdadero mensaje católico sobre la vida eterna de falsas concepciones y de deformaciones en la predicación. El Catecismo de la Iglesia Católica marca la pauta. Pero la crisis eclesial es mayúscula si cada página del Evangelio apunta a la vida después de la muerte, mientras que sacerdotes y catequistas no se atreven ni a mencionar la palabra ‘juicio’ para no preocupar la aletargada conciencia de los adoradores del Estado de Bienestar. Al arzobispo Molina le interesa, como debería suceder a cada católico, en qué "incide principalmente el Evangelio de Jesús", no qué quiere o qué no quiere supuestamente escuchar la mayoría de las personas.

Superficialidad de cierta pastoral católica y éxito del pentecostalismo.

"Mucho esfuerzo pastoral de la Iglesia en América Latina se ha orientado a resolver los problemas más visibles que agobian a hombres y mujeres, dejando en la penumbra y sin resolver los problemas fundamentales acerca del sentido de la vida. En parte el éxito del pentecostalismo y fundamentalismo cristiano se debe a que sus exponentes han sabido incidir principalmente en ese ámbito donde se fragua el sentido de la vida frente a la muerte y el pecado, y así han captado la adhesión de muchas personas, con una propuesta que no llega en calidad a la que puede ofrecer la Iglesia católica desde su teología y espiritualidad".

La predicación de demasiados pastores evangélicos y protestantes, y qué decir de sectas como ‘Pare de Sufrir’, se basa en el engaño de que si tienes fe y les das tu dinero, te curarás de tu enfermedad o se acabarán tus cuitas. Presunto delito el hacer negocio de los problemas límite del prójimo, y el ejercer una especie de ‘medicina paralela’. Falsa religiosidad la de quienes acuden a estos predicadores para intentar ‘utilizar’ a Dios en su propio beneficio.

Pero cuando otras iglesias separadas son fieles al Evangelio en lo que se refiere al amor misericordioso de Dios, a Jesús como nuestro Salvador escatológico, a la horrorosa muerte en cruz del Hijo de Dios para el perdón de los pecados, a la gracia como don que diviniza nuestras pobre condición humana…, entonces superan en catolicidad a los sacerdotes que nunca mencionan ni el pecado, ni la pasión, ni el juicio, ni el infierno, sino que centran su mensaje en un simple “es bonito creer”, “sólo importa el amor”, y “los ricos y poderosos son los malos”. No es de extrañar que ante tan inconsistente mensaje se vean abocados a la esterilidad pastoral. Fuerte llamada de atención la del arzobispo Molina a un enfoque pastoral muy arraigado en grandes ámbitos de la Iglesia Católica en Hispanoamérica, que deja a los fieles analfabetos en la fe, carentes de hondura sobre el sentido y trascendencia de la vida y de la muerte, a merced de la cruel tempestad del sentimentalismo.

@fraytuk

Publicado en Certeza católica.
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