1 ene. 2013

OPINIÓN. Nuevo año, nueva era


P. Roberto Visier. Es muy posible que los profetas del desastre que vaticinaban el fin de la historia presente para el pasado 21 de diciembre, no hayan quedado del todo defraudados. Sobre todo los simpatizantes de la Nueva Era hacen una exégesis de los acontecimientos que se avecinan, que va mucho más allá de la terrible destrucción de nuestro planeta. El final del calendario Maya indica, según ellos, el fin de una etapa de la historia. La era de Piscis debe ser sustituida por la era de Acuario; la era del pez, cuyo acrónimo en griego era utilizado por los primeros cristianos para esconder el nombre de Cristo en tiempo de persecución, debe ser sustituida por la era del agua. El tiempo del cristianismo se termina y se impone una nueva religiosidad donde se harán presentes todo tipo de creencias: el paganismo debe hacerse presente de nuevo, las religiones orientales y sobre todo la evocación de las fuerzas ocultas, los espíritus, la magia, la influencia de los astros, los mentalistas y futurólogos.

Es cierto que todas estas creencias han estado siempre presentes en la historia en mayor o menor grado, pero también es evidente la explosión que ha tenido lugar en los últimos años y sobre todo la “sustitución” de las tradiciones cristianas por otras paganas. Sólo tenemos que echar un vistazo al ambiente navideño. Si no fuera porque todavía se siente la presencia de la Iglesia católica la ausencia de Cristo sería total. Sí, todavía podemos ver los pesebres en nuestras parroquias, oír los villancicos, asistir a la celebración de la Misa del gallo, de la solemnidad de la Madre de Dios, de la Epifanía con la llegada de los Reyes Magos. Pero una vez fuera del recinto sagrado cada vez es más difícil encontrar nacimientos en las calles, en los comercios y lo que es más triste, en las casas, incluso de aquellos que se confiesan católicos.

El gordinflón barbudo vestido de rojo y blanco que vuela con su trineo parece más real que Jesús de Nazaret, nacido en Belén de Judá en tiempos del emperador Augusto de Roma y el rey Herodes. Las felices fiestas de las comilonas, las borracheras y los regalos que vacían los bolsillos, ya bastante vacíos por la crisis, han sustituido a la Feliz Navidad de la familia unida que celebra el nacimiento del Mesías, nacido pobre y humilde en una cueva-establo de las afueras de Belén. Son más significativos el muñeco de nieve, la campanita dorada, las bolas de colores, las estrellas, los hermosos regalos empaquetados y anudados con lazos de vivos colores.

El cambio de época estará marcado por nuevos líderes y modelos económicos y también por nuevos modelos religiosos y morales. Esta revolución no acaba de empezar, está alcanzando su zenit. El Papa la ha identificado hablando de desierto espiritual, analfabetismo religioso, cultura de la muerte, pragmatismo y liberalismo. Basta leer el interesantísimo mensaje del Papa para la Jornada Mundial de la Paz del primer día de este nuevo año 2013.

Lo más terrible de todo es que las nuevas corrientes no intentan regar este desierto para hacerlo fructificar o encender una luz para sacar de la oscuridad espiritual a las masas sedientas. El agua de la era de Acuario sólo nos traerá más incertidumbres religiosas y morales. Uno de sus dogmas más preciados es el relativismo. Tampoco nos devolverá a Dios, pues nos quiere convencer de que nosotros somos “dios”. Pero sí se esforzará en envolvernos de creencias de todo tipo, en ritos mágicos y personajes ficticios que puedan llenar nuestra fantasía y hacernos creer que es oro lo que reluce. Es sin embargo bisutería barata, superstición irracional, espiritualidad vacía.

En realidad, sólo los cristianos que sabemos que Cristo ha venido, viene, vendrá, está… podemos decir: Dios ha nacido, feliz Navidad, sólo con él el nuevo año, con tantos retos e incertidumbres, será más feliz.

P. Roberto Visier.

Publicado en Religión en Libertad.
          __________

2 comentarios:

  1. Anónimo1/1/13 10:20

    gracias por este mensaje comparto plenamente lo que dice y espero que la conversion de los corazones pueda llegar hasta en el seno de mi propia familia que mucha falta hace!!!! mercedes de Argentina.

    ResponderEliminar
  2. Todo esto que comenta es cierto.
    Lo que yo me pregunto es en qué fallamos los cristianos que no transmitimos esta realidad: que sólo con Él, seremos más felices. Que Él es el que llena y transforma nuestra vida. Que con Él, todo se puede y sin Él, no somos nada, no podemos nada.
    Los cristianos antiguos, contagiaban, convertían, con su manera de vivir en medio de la sociedad. ¿Qué falla ahora? ¿En qué fallamos los cristianos?

    ResponderEliminar