17 dic 2010

Crónica de la masacre de cristianos por islamistas en templo católico de Bagdad. Y III



OPINIÓN
Fray Tuk. (viene de la parte II) Cae la noche. "Los muros de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro se vuelven de color rojo para luego ennegrecer. El asedio queda detenido en un ocaso irreal, vuelto túrbido por el ofuscamiento del aire, por todo el tiempo que corre de la llegada del ejército iraquí hasta el asalto final para intentar liberar a los rehenes. Disparos intermitentes rompen el silencio, marcando el ritmo del enfrentamiento a distancia. Ninguna de las dos partes estudia a la otra: se espera hasta que no llegue el momento de recitar el final ya escrito.

Los terroristas disparan a quien sea que tome un celular, como demuestran las heridas de dos muchachas, heridas en la mano y en el brazo cuando sus teléfonos comenzaron a sonar. Disparan al primer sonido sospechoso y los niños que lloran son asesinados al instante. Entre los cuerpos extendidos, los muertos permanecen intercalados con los vivos. Una muchacha contará: "una lámpara me había caído encima, bloqueándome la cadera. Tenía las astillas de vidrio incrustadas en la piel, el pie de un hombre sobre la cabeza y el cuerpo de una muchacha que me apretaba el pecho, bañándome con la sangre que brotaba de sus heridas". Mientras sentía los proyectiles rozarle muy cerca, pudo llamar a su familia que la esperaba en casa: "Estaba segura de morir y quería despedirme de ellos, decirles por última vez: los quiero mucho". Alguno al mando dispara sobre las estufas de calefacción, para asfixiar con su gas a quien está tendido cerca de ellas.

El crucifijo se convierte en un blanco para los proyectiles. Los terroristas lo acribillan de balas - cuentan los sobrevivientes - mientras gritan mostrando desprecio: "¡Vamos, díganle a Él que los salve!". Y también: "ustedes son infieles. Estamos aquí para vengar la quema de libros del Corán y las mujeres musulmanas puestas en la cárcel en Egipto". Aluden a la falsa noticia, desmentida incluso por los Hermanos musulmanes pero que es usada como pretexto por Al Qaida para la ofensiva contra los cristianos, según la cual la Iglesia copta egipcia habría recluido en un convento a Camila Chehata y Wafa Constantine, esposas de dos sacerdotes coptos, como castigo por su conversión al Islam.

Cuando terminan las balas, la granada reventada por un terrorista pone fin también a la vida de Raghada y del niño que llevaba en su seno. Según algunos testigos, la mujer habría encontrado la muerte abrazada fuertemente a uno de los terroristas, que la habría tomado con él para luego hacerse explotar. Ni siquiera el esposo vivirá para ver la irrupción del ejército iraquí, que comienza a cargar compacto desde el ingreso principal de la iglesia, enésima prueba de la ignorancia de los militares no preparados y mal guiados. "Los marines son más inteligentes", hace notar el padre Giorgio Jahola, un sacerdote de Mosul venido a Roma al Policlínico Gemelli con los heridos que necesitan atención. "Todo el perímetro de la iglesia está circundado por ventanas, a las que se puede acceder fácilmente por las terrazas. Los ingresos laterales acostumbraban estar obstruidos por barras de cemento, pero las autoridades primero los habían hecho remover precisamente en los dos días anteriores al ataque. Por lo tanto había otros pasos disponibles".

Los terroristas estaban listos: ya habían recitado la plegaria del martirio: "Alá es el más grande, Alá es el más grande, no hay otro Dios excepto Alá". Y estaban decididos a hacerse explotar. Dos lo lograron, un tercero fue bloqueado por los militares iraquíes cuando, a las 21:05, desconectaron la corriente eléctrica y una voz gritó: "Somos las fuerzas iraquíes, pónganse de pie cálmense: os salvaremos".

El asalto no será recordado entre los más fulminantes de la historia: el intercambio de proyectiles duró veinte minutos, hasta las 21:25 para librar la nave de la iglesia y la sacristía. El acceso a la iglesia ha sido luego liberado y, en el desorden de los auxilios, los familiares comenzaron a recorrer frenéticamente de un hospital a otro, con la esperanza de encontrar a sus seres queridos aún con vida en alguna parte. Dentro y en torno a la iglesia se contaron 58 muertos, excluidos los asaltantes.

Tres días después, martes, mujeres vestidas de negro acompañan siete ataúdes envueltos en una bandera iraquí. El ministro de los derechos humanos, el cristiano Wijdan Mikheil, está en la ceremonia junto al líder político chiíta Ammar al Hakim, que tiene el rostro regado por las lágrimas. El humo del incienso impregna el aire, mientras más de setecientas personas saludan a los heridos cubiertos de flores que avanzan lentamente hacia el altar. Dos de ellos custodian los cuerpos del padre Thair y del padre Wasim. Un instante más y serán sepultados junto en el cementerio que está bajo su iglesia, pobre y profundamente dolorida".

(Crónica por Marco Pedersini, Il Foglio)

Fray Tuk.

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1 comentario:

  1. Los que matan al grito de "digan a su Dios que los salve" no van en nombre de Dios, sino de Satanás, pues no llevan con ellos el amor, sino el odio.

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