En todo caso, en Llactakunka hicimos nuestro trabajo y fuimos muy bien recibidos. Al día siguiente, lunes 8, nos pusimos de nuevo en camino. Primero, una bajada impresionante al cañón del río Punanki (afluente del Apurímac, cuyas aguas acaban en el Amazonas), pasando de los 3400 a los 2000 metros de altitud, del clima de sierra al de semiselva, o ceja de selva como se le conoce. La bajada es difícil: un camino lleno de piedras resbalosas, mosquitos, calor creciente por el sol ecuatorial que va ascendiendo y la altitud que va disminuyendo, y sobre todo, por el factor con el que menos contaba… los caballos… Bueno, normalmente suelen ser una ayuda, pero esta vez no tuve suerte.